Dejamos el blog que habíamos visitado el Potala y Jokhang. Esa noche cenamos en el que desde ya es mi restaurante favorito en Lhasa: el Snowland. Comida tibetana, nepalí, india y algún plato occidental (como fondue de queso de yak). A destacar los lhassi. Ricos, ricos, que diría Arguiñano. Antes de partir, tuvimos la buena idea de aprovisionarnos de queso de yak (un queso curado, algo así como un Cantal, muy interesante) que luego Antonio rescató del fondo de la mochila en un momento clave.
Por cierto, ahí descubrimos el primer efecto de la altitud. Para cenar, los alemanes se pidieron una cerveza. Nunca imaginé que una sola lata de Budweiser pudiera emborrachar a alguien,
Bueno, a lo que iba, que me distraigo. Que nos fuimos de Lhasa, rumbo al Sur, dirección Nepal (ma non troppo) en un autobús marca china por carreteras que llevan a ninguna parte. Si algo tiene Tibet es que es un secarral, aparentemente. Sorprende encontrarse un desierto a 4.000m por sobre el nivel del mar. Uno se espera más agua, nieve, montaña.

La primera parada fue el lago de Yam-drok (bueno, vale, sí, el Tibet tiene un montón de ríos y lagos, no todo es Extremadura-sur-sable):

Pero dejemonos de detalles intrascendentes, que si el lago tal, el glaciar cual (vi mi primer glaciar, a unos 5.000m, im-presionante). Hay que fichar ya a los tibetanos para dar color en el Tour de Francia, en las etapas de montaña. Escucha Hereu, para cuando el Tour pase por Barcelona este verano. Que los vascos están bien y vestidos de naranja Euskaltel dan mucho color a la etapa, pero ¿qué me dicen de la belleza con la que los Tibetanos adornan sus puertos de montaña, sus postes de luz...? Que sí, que es muy insostenible, muy sucio, seguro que los de ICV dicen que es mejor hacerlo electrónico (como los árboles de navidad, manda huevos, que os lucisteis), pero ¿y lo bonito que queda?


La primera estapa de este recorrido gfue Gyantse (creo). Es un pueblo grande, con un mini-potala (vamos, otro castillo del señor feudal, para entendernos, salvo que aquí creo que los monjes no tenían derecho de pernada). En su monasterio descubrí las figuras que quiero que decoren la puerta de mi casa:

¿Os imagináis recibir visitas con esto en la puerta? Da un cierto mal rollo, sobretodo el azul.
El monasterio de Gyantse es quizá el que más nos gustó. Primero, porque lo visitamos casi solos, sin hordas de gente alreadedor empujando como en Jokhang o en el que vimos en Xining. Luego, es un sitio muy espacioso, con una muralla alrededor que le une al castillo (por llamarle de alguna manera), todo muy excursionable. Nos hubiéramos quedado Jorge y yo un día más a triscar por esos montes. También fue el primer templo donde vimos a un monje subido a un pedestal dandole al "ommmm, ommmm, ommmm...", lo cual le confirió un encanto especial a la visita. Y, finalmente, pero no menos importante, porque el guía que llevábamos (Wengdu, un personaje) fue el que mejor nos explicó los intríngulis del budismo tibetano y de los monasterios.

Alex, con los guías y el conductor, haciendo un alto en el camino.
Un inciso. Hace un par de veranos, fui con unos compañeros de trabajo de Singapur y EE.UU. (de origen indio) por el pirineo y vimos alguna iglesia románica. Ellos se estaban 5 minutos y se cansaban y a la segunda ya ni entramos, que no les apetecía. En ese momento, no entendí. Ahora, creo que sí. Se me hace muy raro visitar los templos budistas. El hecho de no tener ni idea de la religión, de su iconografía, su historia, su leyenda... el hecho de no conocer nada de dicha religión, hace que los templos me parezcan insustanciales, vacuos. Veo una estatua y nada, ¿este quién es? El Buda del futuro. Ah, vale. ¿Y eso qué quiere decir? ¿Y ese? El Buda de la compasión. ¿Mande? Vamos, que al rato, todo me parecen estatuas enormes chapadas en oro con poco interés. Hay que decir, que el budismo tibetano es diferente y que, con toda la decración adicional y la tradición (si tienen manuscritos en sánscrito), no es tan tremenda esta sensación.

¿Veis lo que decía del castillo/marca-paquete?
El Tibet es una sociedad de contrastes. Uno se encuentra con una agricultura del siglo XIV (arando con bueyes, carros tirados por burros, riego por inundación y acequias para llevar el agua), gente poniendo boñígas a secar para tener combustible, no hay agua corriente junto a todoterrenos enormes, magnífica cobertura de móvil, energía solar...


De Gyatse, seguimos rumbo sur, hacia el que era nuestro destino: el campo base del Everest. Pero eso ya da para otro post.
